Día de muertos

wDIA-DE-MUERTOS-(1)La celebración de día de muertos en México es una festividad prehispánica, que sin duda es parte esencial de nuestra identidad, para conocer lo que representa, nada como estar en la cuna de los tarascos y capital del imperio purépecha, donde el culto a los muertos cobra vida de forma especial, llena de colorido y misticismo.

En la segunda quincena de septiembre, apenas terminando las fiestas patrias, el viento empieza a soplar y hacer sentir su frío, susurrando el canto de las almas que anuncian su pronto regreso al mundo terrenal, los pábilos esperan pacientes ser encerados por las manos de los artesanos que inician a redoblar la jornada de trabajo, para que cada alma tenga un sirio, una vela  o una veladora que ilumine su regreso.  Se empiezan a ver los campos de un amarillo intenso, impregnados por el olor del cempasúchil.

De igual forma, mientras avanzan los días, el viento trae consigo cada vez más sonidos, el frío se hace más intenso, y las historias de aparecidos, fantasmas y espectros empiezan a inundar las memorias de los michoacanos. Cuanto más estamos cerca del día en que las almas regresan, el ambiente de festividad es notorio en toda la población, los chascarrillos y bromas en las CALAVERAS (rimas, coplas y versos dedicados a alguien) hacen reír a todos.

Los michoacanos podemos sentirnos orgullos de que la UNESCO haya declarado la velación del día de muertos en la zona lacustre, como Patrimonio Histórico de la Humanidad, y es que es en esta región donde se encuentra la cuna de nuestros orígenes, la raíz de nuestra estirpe y donde nace nuestra identidad.
El ambiente de Janitzio y la zona lacustre es de gran festividad, misterio, magia y encanto; parece que entramos en una atmósfera diferente, donde todo puede ser posible, donde se detiene el tiempo y todo es tan espectacular. Los altares empiezan a erigirse en los camposantos como verdaderos monumentos, llenos de colorido y de amor, son elaborados por los familiares que esperan año con año el momento de estar con aquellos que nunca se han ido, que viven y vivirán en su corazón.

Los cementerios empiezan a llenarse de almas piadosas que llevan consigo ofrendas e inician las oraciones para recibir en peregrinación a todos los mortales que ven en procesión el regreso de las almas ausentes, el sonido melancólico y doloroso de las campanas que anuncian que la noche empieza a cubrirnos con su manto. Las luces de las miles de velas se encienden para iluminar la vereda que han de recorrer las animas, las aguas del lago se empiezan agitar al sonido de las campanas, y la luna se tiñe de un color rojizo que eriza la piel, ante el conjuro mágico que encierra esta tradición, desde el fondo del lago se escucha su lamento y sus aguas para nada están quietas, un viento frío envuelve la noche y las llamas inician a bailar de un lado a otro; los ausentes han regresado, y se encuentran ahora entre nosotros, tan solo para estar con sus seres queridos una noche, y esperar 12 lunas para retornar nuevamente al mundo al que siguen unidos.

Por: Gilberto Alvarado Méndez

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