Don, Archy y Mehitabel / Por Cecilia Durán

Archy

Dicen que Don Marquis, uno de los escritores más leídos en el Manhattan de 1920 y un afamado articulista del New York Herald, llegó un día por la mañana a su oficina y se topó con un curioso mensaje en la hoja de su máquina de escribir. “Si haces creer a la gente que está pensando, te van a adorar, pero si en verdad los haces pensar, te van a odiar.” Archy la cucaracha.

                Cuentan que el autor se ajustó los lentes, se rascó la cabeza y se preguntó quién le habría dejado ese recado. Entonces, un gato se impulsó a la orilla del escritorio y le dijó: Archy es una simpática cucaracha que, en una vida anterior, fue poeta. El insecto cuenta con gran talento y vive en forma discreta en las instalaciones del periódico. Durante el día se esconde en los rincones, se oculta en los cajones de los escritorios o en las rendijas de los archiveros, pero por las tardes, cuando los empleados acaban su jornada y regresan a sus casas, Archy se cerciora de que la redacción del periódico se encuentre vacía y entonces sale. Corre apresuradamente, se coloca frente a la máquina de escribir y, saltando de tecla en tecla, escribió este mensaje.

¿Y tú? ¿Quién eres?, refieren que preguntó Don Marquis. Yo, respondió el felino, soy un simple y sencillo gato de callejón que cuenta con un pasado célebre. En mi otra vida fui Cleopatra. Así se forjó el mejor y más famoso conjunto periodístico que publicó de 1912 a 1922  las notas para la columna diaria de sociales, misma que se convirtió en una ácida sátira sobre la vida cotidiana del Nueva York. El gato Mehitabel, Archy la cucaracha y el autor formaron un equipo entrañable cuya  pretensión de era divertirse y darse gusto ironizando sobre la frivolidad de ciertas prácticas neoyorikinas.

De brinco en brinco sobre las teclas, el insecto redactaba los chismes que le contaba el gato y que el autor firmaba. En sus notas se resaltaba el heroísmo que implica la autocomplacencia de los poderosos, la grandeza política que se encuentra en la irresponsabilidad. Transcribía los textos que se publicarían al día siguiente en el diario y que la gente disfrutaba y temía al mismo tiempo. Era, cuenta la leyenda, la vía de escape que un talentoso poeta y un gato de viejas alcurnias encontraban para escapar a la consciencia de su actual condición.

Archy la cucaracha y Mehitabel el gato fueron los personajes que autor norteamericano Don Marquis utilizó en sus columnas periodísticas para burlarse de las modas y las convenciones populares de la época. Con una astucia impecable, utilizó el tema de la reencarnación y la poesía en verso libre de un insecto como telón de fondo y distractor para criticar a ricos y poderosos como al señor Rockefeller o al Presidente Harding, o para reprochar la persistencia absurda e  insistente de la Ley Seca, “Beber es el eterno lugar común. Pero la Prohibición le ha dado un beso de aventura y ahora resulta mucho más disfrutable.”

Con frases astutas, Don Marquis imprimía opiniones y buscaba la risa y la reflexión de sus lectores. “El articulista en un filósofo que da una mala noticia suavemente porque siente una gran pena por el mundo”, fue una de sus frases más famosas. Tenía talento y un gran ingenio para decir verdades enormes y arrancar risas. “A menudo un charlatán es un buen hombre que se enfrentó demasiado pronto con un historiador o con un reportero.” Poseía un ojo fino para evidenciar debilidades y reflejarlas en palabras: “Aquellos que presumen sobre sus antecesores no tienen qué presumir de sus predecesores.

Don Marquis fue uno de los primeros articulistas que extendió el inmenso mundo de la crítica y la ironía por un camino tenuemente iluminado. Una penumbra en la que un gato escuchaba, una cucaracha redactaba y un hombre firmaba.

 

Cecilia Durán Mena

@CecyDuranMena

#LasVentanasDeCeciliaDuran

 

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