El hombre duplicado | Por Brenda Urbano

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Tertuliano Máximo Alfonso además de poseer un nombre peculiar es un profesor de Historia que está sumido en una profunda depresión,  hasta que un colega que es profesor de Matemáticas le recomienda una película. En la cinta descubre a un actor idéntico a él, a partir de ese hecho, Tertuliano Máximo Alfonso emprende una búsqueda para identificar al hombre con el que comparte los mismos rasgos físicos. Esta historia es la premisa con la que comienza El hombre duplicado, escrita por el premio Nobel de literatura José Saramago.

Además de ser un relato con giros interesantes, Saramago adentra al lector a un dilema existencial a partir de los sucesos que desencadena en la novela cuando el protagonista se encuentra con Antonio Claro, el hombre que es idéntico a él. El discurso que caracteriza al premio Nobel es exquisitamente estructurado, con la presencia continua del narrador, donde se torna extraña la relación que establece con la consciencia de sus personajes.

El hombre duplicado más allá de ser una novela encasillada en la ficción, logra resaltar la condición única de la personalidad y las circunstancias de la vida, la historia se convierte de cierta forma en una reflexión existencial. El mismo Saramago posiciona preguntas centrales para la existencia humana ¿cómo saber quiénes somos? ¿En qué consiste la identidad? ¿Qué nos define como personas individuales y únicas? ¿Podemos asumir que nuestra voz, nuestros rasgos, hasta la mínima marca distintiva, se repitan en otra persona? ¿Podríamos intercambiarnos con nuestro doble sin que nuestros allegados lo percibiesen? A estos cuestionamientos tiene que enfrentarse Tertuliano Máximo Alfonso cuando se da cuenta de que es un hombre duplicado.

 

Brenda Urbano

@brenurbano

#EnCursivas

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