El secreto y la pasión | Por Omar González

Esa mañana Ricardo Agustín Morales salió de casa luego de desayunar junto a Liliana Colotto, su esposa, y decirle que regresaría a la hora de la comida para ver juntos “Los tres chiflados”. Llevaba en bandolera esa forma iniciática de la felicidad que es el matrimonio recién estrenado. Esa misma mañana su vida cambió para siempre. A la dramática mutación a la que se enfrentaría, no serían ajenos Benjamín Miguel Chaparro ni Pablo Sandoval y menos que nadie Isidoro Gómez.

Una mañana posterior al once de septiembre de 2002, Jess (Julia Roberts), Ray (Chiwetel Ejifor) y Claire (Nicole Kidman); adscritos a la fiscalía de Los Ángeles como parte de un equipo antiterrorista del FBI –forense, detective y fiscal respectivamente— reciben un aviso: en un bote de basura ubicado a un costado de una sinagoga, hay un cadáver. El cuerpo resulta ser el de la propia hija de Jess, Carolyn (Zoe Graham).

Ambas historias sucintamente referidas, tienen una matriz común: la novela “El secreto de sus ojos” de Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967) publicado originalmente como “La pregunta de sus ojos” en 2005 y llevada al cine por Juan José Campanella a partir de la propia novela de Sacheri con las actuaciones de Ricardo Darín (Benjamín Miguel Chaparro en la novela, Benjamín Espósito en la película de Campanella); Guillermo Francella dando vida a un genial Pablo Sandoval y Soledad Villamil a la abogada Irene Menéndez Hastings. Pablo Rago encarna a Ricardo Morales y Javier Godino se trasvasa en un delirante Isidoro Gómez.

Si se han visto ambas películas y leído el libro de Sacheri, las comparaciones son inevitables y pueden ser tendenciosas. El libro cuenta una historia creíble por delirante y brutal en la que cada lector puede imaginar los rostros y las actitudes de los personajes, el entorno de sus vidas, el paisaje cotidiano donde el idioma juega un papel fundamental, plagado de giros porteños que generan un clima lingüístico que cobra un sentido mayor al unirlo a las expresiones de Villamil, Darín o Francella.

Ambos largometrajes buscan darle vida a todo ello. Saber en qué medida lo logran es tarea de expertos. Darín y Francella realizan un trabajo impecable en la versión argentina y Nicole Kidman –más bella e insustituible que nunca— desanuda la trama en la versión norteamericana con una intervención electrizante que con su estilo alcanza también Soledad Villamil en la cinta de Campanella. Ambos filmes, igualmente, retoman giros idiomáticos aparecidos en el libro y no es eun mérito menor.
Finalmente, lo mismo el libro que ambas cintas guardan una verdad contundente: las personas puede cambiar de casa, de pareja, de religión, de país incluso; pueden cambiar de casi todo, excepto de pasión; un equipo de futbol –Racing en la novela de Sacheri y la cinta de Campanella— y el beisbol, los Dodgers de Los Ángeles, en la versión norteamericana dirigida por Billy Ray.

Pasión como causa, efecto, situación, momento; pasión como: “Perturbación o afecto desordenado del ánimo. Inclinación o preferencia muy vivas de alguien a otra persona. Apetito de algo o afición vehemente a ello” dice el diccionario de la RAE. Bajo este criterio, el de Sacheri es un libro apasionado igual que la película de Campanella y “Secretos de una obsesión” roza por momentos la pasión. En resumen: dos versiones cinematográficas de un mismo libro sumamente atractivo y los filmes como posible masificación de éste, bajo la mirada vigilante de los ojos de una pasión llamada Nicole Kidman, dicho sea no en secreto. ¡Ah… Nicole!

(Eduardo Sacheri, El secreto de sus ojos, Punto de Lectura-Santillana, México, 2014, 317 pp. El secreto de sus ojos, Dir. Juan José Campanella, Arg., 2009; Secretos de una obsesión, Dir. Billy Ray, USA, 2015).

 

-Omar González

El autor es profesor de Historia del derecho y lector irredento.

@Pagina23Anaquel

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