El sueño de Rosita | Por Karen Solorio

SEGUNDA PARTE

A Rosita le gustaría poder escribir todas las ideas descabelladas que pasan de repente por su cabeza mientras junta uno a uno los ingredientes de la cena que después del guayabate piensa preparar. Imagina como podría ser escribir la lista del mandado cada vez que sale a realizar las compras correspondientes a la despensa diaria o a los mandados que ocasionalmente realiza para el matrimonio joven para el que trabaja.

Piensa en cómo sería leer sin problema aquellas letras que ella misma podría escribir con su puño y letra en el mercado para ir llenando de puesto en puesto las bolsas del mandado con verduras, frutas o carne y piensa también que esa tarea no sería complicada si tan solo pudiera dejar de ser analfabeta y de una vez por todas quitarse la venda de los ojos que le hace sentirse muy avergonzada y desdichada sobe todo cuando tiene que fingir ceguera o miopía para poder escudarse con el pretexto de que tiene cansada la vista o de que no alcanza a ver esas letras por que olvidó sus anteojos o porque a los mismos les falta aumento.

Rosita sabe que si ella fuera a la escuela y aprendiera a leer y a escribir se olvidaría de todo eso y hasta podría ayudarle a Danielito con sus tareas cuando entrara a la primaria o podrían aprender muchas cosas juntos; pero eso también le acongojaba… tenía miedo y vergüenza, de ser una mujer ya grande de edad sentada en una butaca de primaria aprendiendo cosas de niños o de vez en cuando podría leer las revistas que llegan mes con mes al buzón de la casa.

Se animaba y desanimaba drásticamente en cuestión de segundos, por una parte estaba emocionada con la idea de alfabetizarse y por la otra la angustia de sentirse señalada o ridícula.

Todas las ideas que esa noche se habían apoderado de Rosita, que le hacían divagar profunda y repentinamente eran ocasionadas por la charla que tuvo esa mañana con Luis Daniel y Johana en durante el desayuno; quienes le propusieron ingresar al próximo ciclo escolar del Centro de Educación Básica para Adultos (CEBA) en La Piedad; municipio en donde viven, para cursar la primaria y pudiera superarse en cuanto a estudios y realización personal.

Ya que la pareja sabía que durante muchos años ese había sido el sueño de Rosita, puesto que en más de una ocasión lo había dicho entre líneas y a Johana se le había ocurrido que podría ser una gran sorpresa platicarlo a fondo con ella, ahora que los preparativos para que Danielito entrara a la primaria eran el tema principal de la casa.

Luis Daniel lo consideró oportuno y fue a pedir informes al CEBA, para que fuese más fácil y directo el acercamiento de Rosita con el centro educativo que ofrecía tal cual lo que ella estaba buscando.

 

Karen Solorio
@anasorue
#ALaParDelTintero

 

 

 

 

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