Empatía / Por Andrea Fischer

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En 2006, Jon Bon Jovi decidió crear una fundación para ayudar a la gente con recursos escasos. Comenzó por llamarse The Philadelphia Sould Charitable Foundation, pero decidieron que sería más fácil, más corto y más cercano a los medios y al público darle el nombre más conocido: The Jon Bon Jovi Soul Foundation. Les pareció mucho más llamativo y poderoso, dada la carrera musical y la influencia que el autor tenía. Sin embargo, la institución trascendió los límites de un apellido reconocido, y tomó fuerza a través de su accionar en la sociedad norteamericana.

El objetivo no eSoul_Kitchen_07-1ra en lo más mínimo elaborar una estrategia para evadir impuestos, al contrario: se trataba, más bien, de una empresa de ayuda comunitaria que se interesara genuinamente en dar un respiro a todos aquellos que no podían permitirse el lujo de dormir bajo un mismo techo al caer del día. La idea era la siguiente: se establecerían varios restaurantes que ofrecieran comidas completas y gratuitas a las personas que no pudiesen pagar un lugar en donde comer. Se les servirían tres platos: sopa, ensalada y guisado, completamente gratuitos, y abiertos a cualquiera que quisiera acercarse.

Bon Jovi diseñó el concepto para que no solamente cumpliera con ser caritativo, sino que tuviese la delicadeza del buen gusto. Contrató a chefs profesionales para atender cada uno de sus restaurantes, que tuvieron un impacto casi inmediato en las zonas aledañas a Filadelfia. La gente pedía más locales comerciales para convertirlos en cocinas comunitarias, y fue así como The Bon Jovi Soul Kitchens se expandieron a la mayor parte del territorio de Estados Unidos. Las cocinas caritativas de Bon Jovi tuvieron un crecimiento tal que llamó la atención de los medios, y pronto ya no se veían solamente personas necesitadas sentadas a la mesa, sino que gente con un salario establecido, que además atendía gustosa.

El desarrollo de este proyecto se dio de una manera interesante, pues evidentemente no todos los fondos salieron del bolsillo del músico. Además de ser una empresa jbj-soul-kitchende y para la caridad, los restaurantes son también negocios autosostenibles: si una persona no tuviese para pagar el plato que se le sirviera, una hora de trabajo en la cocina sería suficiente para cubrir su comida y la de tres personas más. Muchos de los comensales originales no venían solos, sino que traían a sus familias ―compuestas, en su mayoría, por niños pequeños y mujeres jóvenes, pero embarazadas.

Sin embargo, si una familia pudiente quisiese sentarse a comer, era perfectamente bienvenida también. La única diferencia era un donativo mínimo de veinte dólares, que se pide aún hoy antes de que se vayan. Corren ya diez años desde que los restaurantes funcionan, y la gente que sí puede pagar, deja donaciones bastante más generosas al levantarse de la mesa. Uno creería que el ambiente estaría tenso en un lugar así, pero sucede realmente todo lo contrario: se hace una armonía muy particular, que quizá se venga de la vena inclusiva, de aceptación y de barreras difuminadas que se da cuando existe empatía.

 

-Andrea Fischer

@andreafis

#PajarosDeTinta

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