Espíritu crítico | Por Cecilia Durán

pensando

Desde que en 1956 Arias-Salgado, ministro de Información y Turismo de la España gobernada por el Generalísimo Francisco Franco, iniciara las transmisiones regulares de Televisión Española pronunciando: “Hoy, día 28 de octubre, domingo, día de Cristo Rey, a quien ha sido dado todo el poder en los Cielos y la Tierra” el respetable público adivinó que comerse todo lo que los medios de comunicación sirve, puede causar malestar. No se trata de otra cosa, sino de recomendar precaución ante lo que se ofrece.

Desde esos años a la fecha, el espíritu crítico ha tenido que navegar entre movimientos pendulares. Discernir nunca ha sido fácil.  Antes, bastaba empuñar un micrófono, elevar una pluma y posar a la cámara para emitir mensajes que se tomaban como si fueran palabra de Dios. Sucedía al otro lado del Atlántico, en medio de una dictadura que decía lo que quería, dejaba hablar a los que le parecían y censuraba a todos los demás. Unos, a base de inteligencia, mimetizaban la crítica y otros con valor decían lo que pensaban y se sometían al castigo por no aceptar vivir amordazados. También en el México del siglo XX las mentes brillantes tuvieron que padecer para encontrar un espacio de expresión. A los deslenguados, se les mandaba callar con mucha sencillez. Algunas cosas han cambiado.

Sí, los instrumentos de comunicación en la historia de la humanidad, se han transformado y han encontrado nuevas formas para jalar la atención de la gente. En esa competencia por instalarse en nuestras mentes el abanico de posibilidades se ha multiplicado. De la revista al radio, del cine a la televisión, del Internet al periódico, la capacidad de transformación de los medios sorprende, apenas se oyen las voces apocalípticas que avizoran el fin de una u otra forma de comunicación, ese medio resurge de entre las cenizas y brinca a ocupar el lugar central del escenario.

Hoy, los usuarios de información, contamos con más medios para accesar datos que nunca antes. Unos complementan a otros y las maneras de enterarnos de los eventos de al lado o del otro extremo del mundo son tan variadas que el abanico de posibilidades parece una enorme cola de pavo real. Hoy, el que quiere se hace escuchar. Eso, sin embargo, no significa que todos tengan algo que decir. Hay tantos mensajes en el ambiente y los medios son cada día más accesibles.

El espíritu crítico es el escudo que nos defiende de la bruma que se tiende a nuestro alrededor. La única forma que hay para defenderse del azote de  los impulsos binarios que se convierten en palabras e imágenes en alta definición, de las voces aflautadas y las figuras perfectamente peinadas es una mirada inteligente que busque más allá de la apariencia.

El mensaje, en la actualidad, lo recibimos de mil formas y varias veces al día. Luego están los referentes, la comunicación no se podría soportar sin entender que hay gente que piensa igual o que opina diferente. La diversidad de datos necesita del tamiz del espíritu crítico que nos haga discernir entre aquello que nos cuentan para encontrar la verdad, especialmente en estos tiempos en los que se oye tanto y se escucha poco.

 

-Cecilia Durán Mena

@CecyDuranMena

#LasVentanasDeCeciliaDuran

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