La sentencia para Flaubert | Por Cecilia Durán Mena

Nuestro deber es sentir lo que es grande y adorar lo bello, sin la imposición ignominosa del dictado de la sociedad 

Gustave Flaubert

El siete de febrero de 1957, el tribunal francés dictó sentencia por la acusación que el Procurador Imperial había hecho en contra de Gustave Flaubert, autor; a Leon Lauret, editor y a Aguste-Alexis Pillet por la falta de sensibilidad moral de este trío al publicar la novela Madame Bovary. El retrato de la sociedad francesa de las provincias les pareció ominoso, inmoral, falto de prudencia y definitivamente, condenable.

Flaubert, un hombre pacífico, de su casa que vivía con su madre y su hermana, encerrado en el mundo de sus letras, que se tomaba el tiempo que fuera necesario para elegir la palabra correcta, fue llevado al tribunal por el uso deshonesto que hizo de la escritura. Era terrible pintar a un monsieur Bovary aburrido, timorato, blando y a una esposa con sabor a pimienta. Era tremendamente escandaloso leer el final de la novela y ver como después de haber gozado una vida licenciosa, Ema Bovary recibía el consuelo de la extrema unción y lograba extasiarse al besar el crucifijo.

Muy delicada resulto ser la moral francesa que se vio lastimada por el reflejo de sus costumbres en la obra de Flaubert. Poco les ofendía lo que sucedía en París por aquellas fechas, pero les mortificaba el poder de lo que quedaría por escrito. En ello, llevaban razón. Lo escrito tiene el poder de afianzarse en la memoria. Habrá que decir que el proceso tuvo ciertas características que llevaron al desenlace final.

El asunto se llevó ante un tribunal colegiado, compuesto de tres jueces, y cuyo presidente era un hombre llamado Dubarle, historiador de derecho romano. El abogado de Flaubert, Jules Sénard, era una persona con gran reconocimiento que llegó a ser presidente de la Asamblea Nacional y ministro del interior. Y el procurador imperial, Pinard, además de llevar muchos otros casos como el de Flaubert, llegó a ser consejero de Estado, diputado y ministro. La defensa de Pichat y Pillet estuvo a cargo de los abogados Desmarest y Faverie, respectivamente. Las comparecencias de acusación y defensa se llevaron a cabo el 29 de enero de 1857 y la sentencia se dictó el 7 de febrero del mismo año.

La sentencia dice: Considerando que los pasajes incriminados, apreciados en abstracto y aisladamente, presentan en efecto expresiones, imágenes o cuadros que el buen gusto reprueba y cuya naturaleza es capaz de herir legítimas y honorables susceptibilidades;[…] Considerando que por todos estos motivos la obra llevada ante el tribunal merece una severa represión, pues la misión de la literatura debe ser la de enriquecer y recrear el espíritu elevando la inteligencia y depurando las costumbres mucho más que la de inspirar horror al vicio presentando el cuadro de los extravíos que pueden existir en la sociedad; Considerando que los acusados, y en especial Gustave Flaubert, rechazan enérgicamente la inculpación dirigida contra ellos, alegando que la novela sometida al juicio del tribunal tiene un contenido eminentemente moral… se otorga la absolución.

El caso de Flaubert y su absolución han quedado como ejemplo de defensa de libertad de expresión, sobre como la moral puede disfrazarse y convertirse en sensor que tapa la boca y amarra las manos de quienes piensan diferente o de aquellos que se atreven a denunciar lo que están viendo. De la absolución de este caso hay que resaltar la solidaridad de impresor y editor que permanecieron fieles al autor durante todo el proceso. La peor enfermedad social es la hipocresía y la mejor medicina es la valentía para denunciarla.

El disgusto y la mortificación de este proceso minaron el espíritu, de por sí frágil, de Flaubert. No obstante, es curioso que Flaubert haya sufrido un proceso en su contra por la publicación de Madame Bovary, que se la hubiese valorado como inmoral, que se le haya intentado violar derecho  de expresión en nombre de la moral; que se haya obligado a Flaubert a justificar que la intención de su obra era eminentemente moral —cosa que es falsa— que en realidad su novela  y obra maestra de la literatura cumpliera los designios del arte de la Edad Moderna al suspender todo juicio moral y que el propio Estado haya absuelto a Flaubert haciendo valer la ley y salvaguardando sus derechos.

La sentencia de Flaubert nos recuerda lo valioso de ejercer la libertad de expresión, sin duda. El acompañamiento del editor y del impresor hablan del valor de la solidaridad.

Fuentes: Patiño, C. ( 2007) Madame Bovary, el proceso judicial contra Flaubert, Dialnet Uniroja, España

 

Cecilia Durán Mena

@CecyDuranMena

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