La transformación de Mark Zuckerberg | Por Cecilia Durán Mena

Hace quince años el nombre de Mark Zuckerberg no era mundialmente conocido. Es más, si él hubiera tenido una bola de cristal que adivinara el futuro, se hubiera reído de las imágenes que le habría visto en el artilugio mágico. Hace tres lustros, el señor era un estudiante de Harvard, con sobresalientes habilidades de programación y casi nada más. Nadie, ni él mismo, podría haber pronosticado que en cuestión de unos cuantos años, se convertiría en el sujeto más joven en entrar a la lista de los diez multimillonarios del mundo.

Hoy, el nombre de Mark Zuckerberg se relaciona con ese muchacho, aunque ya no está tan joven, que siempre usa camiseta de algodón, gorra volteada al revés, pantalones de mezclilla deslavados que sigue viviendo en una casa sencilla en el barrio de Altheron y que fue capaz de unir al mundo en una red social que está festejando su aniversario número trece.

Al ver a este emprendedor, uno se maravilla por la transformación de su persona y el remolino que causó a nivel mundial al haber conectado, en primera instancia a todos los estudiantes de su universidad, luego incluir a los de todas las escuelas en Estados Unidos y finalmente, a la gente en el resto del mundo. Hoy, casi cualquier persona en el mundo tiene una cuenta de Facebook. La gente está al pendiente de lo que sucede en los muros de los demás y se entera vía electrónica de lo que está pasando con sus contactos.

La transformación de Mark Zuckerberg cambió la faz de la tierra de forma profunda. Se nos metió a la cotidianidad y modificó las reglas del juego. Las pláticas de café no son iguales, ahora hay que competir con una pantalla; los amigos que están lejos se aproximaron y a los que tenemos al lado, tendemos a ignorarlos por estar al pendiente de lo que está pensando aquel que ya actualizó su estado. El planeta se hizo más pequeño, la intimidad dejó de ser un valor, los pleitos se hicieron públicos, las relaciones se publicitaron. Ahora, en el día del cumpleaños, es muy probable que recibamos muchas felicitaciones virtuales y casi ninguna llamada telefónica, desde luego, los abrazos serán escasos. Entra, con Facebook, el imperio de lo virtual sobre lo tangible. La realidad adquiere un nuevo escenario, porque lo que pasa en la red es real. La verdad ya no se tapa con un dedo y mucho menos con un golpe en el escritorio.

Hay innumerables virtudes a partir de lo que el dueño de Facebook ha transformado, también hay preocupaciones. Tal vez sea por ello que Zuckerberg declara que su prioridad es profundizar en las relaciones entre grupos con afinidades. ¿Será que uno de los millennials más exitosos del mundo se hará cargo de una contrarrevolución virtual o intentará darle un nuevo giro al estado de cosas? Dice que para celebrar el cumpleaños trece de su empresa, pretende acercar a familiares y amigos. “Existe una división en la sociedad como no se había visto desde hace mucho tiempo”. Es verdad, no sólo en Estados Unidos por cuestiones políticas, sino en el mundo, por cuestiones de comunicación.

Los seres humanos estamos perdiendo la costumbre de hablarnos y ponernos atención. Vivimos distraídos, metidos en un mundo tácito que requiere una conexión a la red y nos olvidamos de ponernos en contacto con la persona que tenemos junto. Nos olvidamos de lo que tenemos a un lado, por estar atentos a algo más, a lo que en realidad tampoco le estamos dando atención. La paradoja de estos años es la forma en que, teniendo tantos medios para relacionarnos, nos estamos aislando.

Dice Mark Zuckerberg que cuando su hija dio sus primeros pasos, la grabó y mandó el video a sus padres. Este hecho da cuenta de lo cerca que los abuelos pudieron estar de su nieta al verla empezar a caminar y lo lejos que estaba su padre gracias a la barrera que forja un aparato. Hace quince años, no nos imaginábamos la forma en que este estudiante de Harvard nos iba a cambiar la forma en que vivimos día a día.

 

Cecilia Durán Mena

@CecyDuranMena

#LasVentanasDeCeciliaDuran

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