Los dos mundos de Blue Velvet | Por Brenda Urbano

blue velvet david lynch

Una oreja en un sitio abandonado, terciopelo azul y una canción parecen ser elementos sin coherencia entre sí, sin embargo la tienen en el mundo de David Lynch. Una historia con estos y otros elementos es perfectamente hilada e incongruente en la pantalla, Blue Velvet es la representación de dos mundos, la luz y la obscuridad, la inocencia y la perversidad, encontradas en una película.

Posiblemente sólo el director David Lynch es capaz de conjuntar todos estos elementos y lograr  que mantengan un orden y desorden lógico que representa en la cinta Blue Velvet. Se trata de la historia de un joven que encuentra en su camino una oreja humana en estado de descomposición,  su curiosidad por averiguar el origen de su hallazgo lo lleva a involucrarse en la relación sadomasoquista que existe entre una cantante de un club nocturno y un narcotraficante perverso.

Bajo esta premisa la película se ha convertido en una de las expresiones más importantes del cine surrealista estadounidense. Esta película que marcó la carrera del director puede ser leída desde distintas perspectivas, sin embargo, tiene la cualidad de que como la mayoría de las películas de David Lynch tienen inspiraciones oníricas, lo que convierte los planteamientos en totalmente válidos.

La armonía que consigue esta película se debe en gran parte a la banda sonora, cuyo título está precisamente inspirado en la composición de Bobby Vinton, que logra sincronizarse a las situaciones. También la película es exitosa por perfil psicológico de los personajes, acertadamente representado por los actores. Así, a 30 años de haberse estrenado Blue Velvet, es un clásico desquiciante que vale la pena ver más de una vez.

 

Brenda Urbano

@brenurbano

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